La posada de los vampiros
Por Gabriel Cocimano
Enviado el 18/01/2019, clasificado en Cuentos
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La posada Penique ofrece, entre otros atractivos turísticos, una visita a la alcoba de los vampiros. Es por esto que su fama excede los módicos límites de su entorno: hasta allí llegan miles de turistas obsesionados con la leyenda del vampiro más exitoso, Drácula, que el escritor irlandés Bram Stocker ambientó en Transilvania. Muy lejos del Este europeo, enclavada en las oscilantes colinas del Sur, la posada adquirió notoriedad no solo por el clima benigno de su geografía sino, sobre todo, por el marketing de sus atractivas criaturas hematófagas.
El turista que suele llegar hasta Penique es del tipo excéntrico, mayormente insomne y ávido de aventuras y placeres no convencionales. El ático de la posada es el sitio más inquietante: de estilo gótico y atmósfera lúgubre, constituye el escenario en el que los visitantes esperan el contacto directo con los legendarios espectros. Muchas veces se hacen esperar; otras, aparecen en los inicios del cónclave, después de la hora cero; no obstante, hay noches de luna clara en las que ni siquiera asisten a la convención de turistas.
Hay quienes dicen que estos vampiros ya no son lo glamorosos que eran. Para los más exaltados admiradores, lucen anoréxicos e indolentes. Muchos de ellos han perdido incluso la osadía y la sed, mostrándose cautelosos ante sus presuntas víctimas. Se los nota apáticos y desdeñosos a la hora de hincar los colmillos, y ya su auditorio comienza a rechazarlos. Definitivamente, los vampiros que llegan hasta la posada Penique carecen de la seducción de que han hecho gala sus más ilustres antecesores.
Los fanáticos de Drácula, a partir del cine y la literatura, han sacralizado el encanto y la fascinación por esas criaturas. De ahí la desilusión y la melancolía. Pero, a su vez, los vampiros también han humanizado a sus víctimas, percibiéndolas como vulnerables. “Los humanos ya no constituyen nuestro exclusivo alimento -sentenció uno de los asiduos vampiros de la posada, mientras succionaba un sorbo de sangre de una señora mayor- Hay animales que tienen la sangre fresca más deliciosa y, además, andan por la vida con menos pretensiones”.
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