Cecilia

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Es alta y corpulenta. Un poco p… y bastante guapa. 

Sale por la puerta del despacho donde trabaja, y la gente la mira cómo a una Diosa. 

Es la que coge y reparte el dinero. 

Todos la llaman, todos la siguen con la mirada. 

Cuando vuelve a entrar en el despacho, se oye un suspiro. 

Hay quien quiere hablar personalmente con ella. Hay quien le pide consejos o ayuda. 

La gente espera. 

La antecámara de su despacho siempre está llena. 

Los “bodyguards” vigilan. 

Normalmente, el señor “profesor” cede uno o dos de sus cinco bodyguards. 

Cuando el señor “profesor” está en el edificio, se pueden ver todos los cinco. 

Todos son altos (más de 1,90 metros) y corpulentos. 

Uno lleva un perro. 

El más gordo (se le puede llamar gordo), pesa más de 150 kilos. Cuando se pone en el marco de la puerta, ocupa todo el espacio. Nadie se puede colar. 

El “profesor”, probablemente ha sido un profesor de verdad, solo que ahora tiene un negocio propio, llamado “Mondoprosper”. 

Parece un imán para el dinero. 

Tiene unos cuantos “asuntos” que le trae una fortuna. 

La primera, la por la cual es conocido, es un “juego de tipo piramidal“. 

La gente que está esperando a que entre en el despacho de Cecilia, la mayoría esperan por eso. 

Tiene una empresa de comercio exterior, tiene negocios con petróleo, etc. 

La empresa “madre” está ubicada en Romania pero tiene una filial igual de grande en Hungría. 

Hay muchas jovenes guapas que emplea. 

Primero, les concede un empleo de ejecutivas: directoras, luego, las envía en “cambio de experiencia” en Hungría o algún país Sud-Est Asia. 

Esto ha pasado también con Julia, una persona que, a lo largo de mi trabajo allá, llegué a conocer. 

Es posible que alguna vez le había visto la cara (al profesor), aunque no lo creo. 

Aparece muy poco y siempre rodeado de sus bodyguards. 

No me queda ningún recuerdo de este hombre. 

Puede que quiere hacer a lo misterioso. 

En cambio, muchas veces he oído que Cecilia está reunida con el profesor, mientras la gente espera fuera a darle el dinero. 

Es normal que se reúnan muy a menudo: es su mano derecha. 

Es la que manda!

El profesor debe decirle cómo. 

Yo solo quiero trabajar: tienen también puntos de venta en detaille.

Por eso, tengo que poner una garantía en dinero (la cuota habitual/inicial) del dicho juego, que son 5000 leones (la divisa de Romania). 

Mi padre también vino a poner dinero (más que yo).

A Cecilia le gusta mi padre. Cada mes, cuando viene a recoger lo obtenido, se quedan hablando muchos ratos. Es normal: mi padre tiene una carisma especial, ninguna mujer le resiste. 

En cambio, a Cecilia no le gusta nada de mi. Me ignora completamente.

Cuando entro en el despacho no habla conmigo, apenas dice algo absolutamente necesario. 

Es una mala jefa: grita a los empleados. 

Hasta los que vienen a deponer dinero, le ha cogido miedo. 

Me emplearon por una tal cantidad de dinero y no la respetan. Ahora quieren pagarme solo en porcentaje. 

Tengo que hablar con ella; que me entienda!

En un día, dejo mi puesto de trabajo y la mercancía en manos de una compañera que trabaja en otro puesto y que no tiene experiencia, para poder hablar con Cecilia, ya que es la única hora que está disponible. Me voy directamente allá: al despacho. Está ocupada. La tengo que esperar más de media hora!

Pobre mi compañera, le he dicho que viniera rápido!

La mujer de Valentín Preda (estoy casi segura que se llamaba Mírela), es una buena persona. Está consciente de sus posibilidades físicas y da lo mejor de ella. 

Cuando me recibe, Cecilia casi que no me escucha. Hace cómo mi presencia la incomoda en su faena diaria. Me voy de allá sin haber obtenido lo que me debían. Llegado a mi puesto, la mujer me informa que han pasado cosas en mi ausencia. 

Alguien le ha robado un bote de café, otro le pidió un refresco, se lo bebió delante de ella y no lo pagó y le parece que le falta una cosa sin haber cobrado por aquella. 

Intenta pagar lo que otros robaron.

Ni hablar!

Queee?

No debe nada. Yo le debo gracias por haberme sustituido casi una hora. 

Se va a su casa muy triste. Ya, y que? Más triste aún soy yo por la manera que me “recibió” Cecilia. 

En pocos minutos vienen los que son los “responsables” con aquella calle. Para caracterizarlos a todos en un solo adjetivo, sería indigno (el adjetivo) por este siglo. Más indigno aún, sería hablar de su “actividad” diaria (el juego con lo cual estafaban a la gente). 

Pero, a mi me respetan. Ya me conocen y saben que conmigo no podrán hacer lo que hicieron con mi compañera. 

Uno me pregunta si soy yo , también la que vende en el puesto. Claro que soy yo, solo he faltado un momento. 

Entonces, uno por uno me devuelven lo robado y pagan el refresco. (Lo juro que es verdad.)

 

No me quedo muchos días en este puesto. Les digo que me voy aunque no tengo otra faena. 

Después de más que un mes, me llaman a casa y me proponen una tienda más grande y un sueldo fijo más que doble del anterior. Acepto y firmo el contrato. 

 

He trabajado allá unos meses, hasta que un inesperado “robo” los hicieron cerrar la tienda. 

Esta vez, me pagaron lo prometido. 

Para recuperar la garantía de 5000 (inicial) me pusieron término de dos meses. 

Cuando volví, al termino acordado, solo había gente a la puerta estando sin esperanza de poder recuperar lo prometido. 

Había mucha gente que perdió mucho dinero. 

Los bodyguards estaban (todos) delante de la puerta y nadie podría entrar. 

A mi, aún me deben los 5000 (con intereses, por supuesto).


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