Recursos

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Primera parte

Los recursos planetarios y la capacidad mental 

Los recursos del planeta se agotan: la energía, el agua, el clima cambia a nivel global.

Muchos dicen que es culpa de la mala gestión, del derroche, pero pocos se detienen a pensar en el recurso más importante:

Aquel que no se agota.

Aquel que siempre está ahí.

El que hace la vida más confortable.

El que proporciona bienestar.

"La capacidad mental".

Todo es mente. Nada se ha creado sin ella.

¿Existiría nuestro hábitat sin la mente?

En realidad, solo "existe" aquello que pensamos. Lo que jamás hemos imaginado simplemente no existe.

Creo en la evolución tecnológica y científica, en su capacidad para reinventar nuestra percepción de la realidad. También creo en la capacidad de adaptación del ser humano, pues él es el protagonista de esta historia. Pero lo que observo es una mente atrofiada, constreñida, casi momificada por el uso que le damos.

No puedo explicar qué es la mente. No es un objeto: no tiene forma, color ni tamaño, ni un lugar específico donde habite. Algunos dicen que es una propiedad emergente del cerebro, y que, al morir, desaparece. Otros creen que su esencia perdura, que el cuerpo solo es una manifestación transitoria. Esa idea da sentido a muchas vidas.

Sea como sea, la mente es la fuente de todos los recursos.

Para comprender mejor su impacto, convoqué a Maruxa A Chosca, una sabia del más allá, que se aparecía en algunas ocasiones a despejar mi mente cuando no entendía algo. Quería saber qué recursos nos benefician y cuáles nos perjudican.

Apareció como siempre entre una bruma verde luminosa que transmitía paz y buen rollo. Me escudriñó con su único ojo y comenzó a transmitir su sabiduría.

—Todo recurso humano proviene de la mente. El universo es mental — comenzó diciendo.

—Allí es aquí —enfatizó, mientras miraba arriba y abajo. Su ojo brilló con un verde fulminante, al tiempo que movía sus manos formando ondas a su alrededor.

—Todo está en movimiento. La naturaleza genera diferencias y marca el ritmo del ir y venir —dijo, flotando en un espacio blanco y liviano como el algodón. 

Se acercó como una bruma y susurró a mi oído:

—Todo pensamiento o acción tiene consecuencias.

Reflexioné ampliamente y pregunté:

—Si es así, ¿por qué generamos los peores recursos, aquellos que más nos perjudican?

Maruxa se impacientó.

—¡Qué ignorante eres! ¿Has entendido algo de lo que he dicho?

 

Segunda parte

Desperdicio y redención

Voy a ser clara: desperdiciáis los recursos porque sois gilipollas.

Vivís en un mundo maravilloso y lo destruís por egoísmo. Anteponéis vuestros intereses personales al bienestar común, generando conflictos y desigualdades.

Una y otra vez rompéis el equilibrio social, arrebatando derechos y oportunidades, fomentando la intolerancia y la violencia, y debilitando los lazos humanos.

Creéis que poseer más os hará más felices, pero solo sembráis explotación, desigualdad y destrucción. Os habéis acostumbrado a ignorar los problemas ajenos, perpetuando el sufrimiento y la apatía social.

—¡Qué fuerte! —dije, impactado.

—¿Somos todos así, como en Sodoma y Gomorra?

Maruxa negó con firmeza.

—Desde luego que no.

Afortunadamente, aún quedan quienes luchan por construir relaciones auténticas, basadas en el cuidado mutuo y la empatía. Hay quienes promueven la aceptación de los diferentes, la dignidad y el entendimiento.

Otros trabajan por la equidad y la justicia, fundamentales para una sociedad equilibrada y libre de opresiones. También hay quienes refuerzan la confianza, fomentando relaciones honestas y transparentes, y quienes asumen la responsabilidad de sus actos, contribuyendo al bienestar colectivo... 

— Si, ya sé, no hay muchos — sentenció, bajando la cabeza y poniendo su cara más triste.

De pronto, sonó un mensaje de wasap justo en el clímax del aprendizaje. Fue como una onda sónica desintegradora, que hizo que la Maestra desapareciera al instante, engullida por el hueco del ojo que no tenía.

La próxima vez pondré en silencio el puñetero móvil, pensé.

Espero no perder el contacto con esta entidad tan maravillosa, como llena de sabiduría.

 

 


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