En medio del bullicio de la ciudad, los semáforos marcan el ritmo frenético, rompiendo la oscuridad con el triunfo inevitable del día.
En medio de los coches y autobuses detenidos, entre el humo, la prisa nos secuestra las pulsaciones del reloj, como áspera, gris usurera del tiempo .....los censores.
También se extinguen en el tiempo.
Un trino delicado, que casi nadie escucha, se filtra entre el estruendo de la gran ciudad.Los pájaros, invisibles entre los edificios, cantan como si la ciudad no existiera, ajenos a la urgencia humana, como una contradicción.
Nosotros, tú y yo, al amanecer cada día, compartimos esa contradicción que pocos alcanzan a apreciar, compartimos el canto primero de los pajarillos libres, el amanecer mesetario, el beso tierno del mediterráneo, y ese algo inasible, que se siente en el estómago, y nos recorre, estremece y conmueve.
Por todo ello, cielo de todas las esperanzas, somos inmortales; y en esos instantes que compartimos en la distancia, ambos sabemos que la ciudad se apaga, y el sonido del trino parece ser el único latido verdadero, en un mundo donde muchos se olvidan de respirar .
Comentarios
COMENTAR
¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales